¿Dónde?…

¿Dónde quedaron las dosis de felicidad a casco porro y las sonrisas mas inocentes? ¿Dónde quedaron los sueños eternos que nunca morían? ¿O que si lo hacían era para cambiarlos por otros mejores?
Cuando somos niños, soñamos con crecer, con ser como papá y mamá. Con trabajar arduas horas en la oficina, y organizar papeles que se amontonan en la mesilla.Con ponernos tacones y maquillarnos como una puerta. Con usar lentes de contacto y gafas de “culo vaso”. Con conducir el coche e ir solitos a comprar.
Soñamos con crecer, con tener obligaciones y preocupaciones.Que dulce inocencia, lo que daría por volver a recuperarla.
Soñamos tanto, que nos hacemos mayores sin darnos cuenta, en un abrir y cerrar de ojos. Con las rodillas llenas de heridas, las mejillas con lágrimas que corren a toda prisa y la cara llena de sonrisas.
Y entonces nos hacemos mayores, y ahí, ahí es cuando queremos regresar a esa dulce inocencia. A esa tierna realidad donde la mayor preocupación es salvarse en el escondite, y el único dinero que te interesa es que el gastas en golosinas.
Juega ahora a ser mayor, para que el camino sea más divertido. Disfruta de cada momento, y trata los problemas con la misma importancia que cuando eras niño, sin sufrir tontamente y sin pensar demasiado.
¡Vive! Porque mientras vives estas muriendo, y si mueres sin vivir, ¿qué diablos estas haciendo?

Andrea Reyes

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