Litros de café pendiente…

El otro día volví a verte, y que putada más dulce, que me gusta un otoño lleno de primavera cuando apareces, que siempre decimos que vamos a quedar, que si para tomar un café, y yo te digo que café no tomo, que entre la cafeína y el hablar contigo me subo por las paredes, y luego confundo los retortijones de barriga con mariposas y ahí empieza el lío. No te voy a negar que nos vimos por casualidad, como el que no quiere la cosa, o no, todo depende de como se mire. Tampoco voy a decirte que estaba totalmente sobrio, como para presentarme a un examen importante o algo así, pero me dió tiempo a sacar matrícula de honor al describir cada detalle de como ibas, y eso es jodidamente sorprendente en mí, porque soy un desastre organizado, pero tanta complejidad hace que todo sea más sencillo. Que estaba lloviendo y yo iba sin paraguas y andando para variar. Quise alargar la conversación pero no te daba tiempo, por un momento fue frío y mi cara parecía desencajada y balbuceaba como un idiota por eso del factor sorpresa, porque no a todas horas tiene el cuerpo uno para recibir tal impacto de cosas bonitas concentradas en una persona, por eso te escribo, porque es más fácil que me leas a que me vuelvas a ver. Que estoy un poco cansado de quedarme pensando en tí una vez que das media vuelta, y que los siguientes tragos que tomase, fuesen pensando en como bamboleas las caderas como si de un swing de los años cincuenta se tratase. Ya no me debes un café, me debes cinco litros echando cálculos, pero siempre quedamos en el mismo vacío que al principio. Sabes de sobra que no nos queremos, pero que si tú estuveses lista para disparar, yo con gusto recibo la bala, la jodienda es que no tienes munición y yo en cambio sigo siendo diana. Tú hazme caso si quieres, sigue saltando, riéndote, trabajando en ese bar en el que trabajas, que yo me conformo con verte desde la puerta cuando de causalidad pase por allí, y ver como te mueves a compás, como siempre lo haces y con la incertidumbre de no saber si serás la más guapa del mundo, pero con la certeza de que eres la más bonita, y no te preocupes corazón, que yo sigo cantando por bulerías bajito debajo de la lluvia esperando a ese café, o en su defecto, esperándote a ti…

Francisco Bonilla Lozano.

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