YO ME QUEMO AQUÍ…

No la mires, hazme caso, que luego será peor. No intentes controlarla porque es indomable; no le digas que no lo haga. Échame cuenta, no te va a merecer la pena ver como se despierta después de una noche de fiesta, o de una conversación hasta las mil, se recoge un moño, y se le pegan a ella cien primaveras a la cara de golpe. No vas a querer verla reírse en su pleno apogeo de un chiste malo, o mirarla mientras bebe de una cerveza a morro, y piensas que firmarías mil calvarios por ser el borde de ese vaso para recostarte en su boca.
Ni se te ocurra mirarla cuando anda, ya sea de espaldas o de frente, porque dependiendo del ángulo, te puede dar un síncope o cortarte la respiración; sí, sabes como te digo, como si pasase a cámara lenta y le diera una brisa en la cara y los veinte segundos parecen interminables.
No te fijes en cada detalle de ella mientras conduce, en como empezarías a adorar un semáforo en rojo solo para observarla sin que se de cuenta de como guiña un ojo cuando se pone el cigarro en la boca para darle una calada. No cojas un taxi con ella, no por Dios, ahí estás condenado, al no convencerle su camiseta y te pida una tuya, verás esa forma de cambiarse sin que te des cuenta y lo peor, que la camiseta le queda mil veces mejor que a ti.
No exprimas cada segundo, cada minuto o cada hora a su lado, ya sea en un bar, echando un cigarro rápido o en urgencias en un hospital, porque entonces amigo empiezas a enloquecer, y se vuelve adictiva, como el chocolate o como un atracón de comida basura después de un día de fiesta. No la míres directamente a los ojos, esos curvos, achinados, que encierran mil verdades, alguna que otra pena y mucha raza. Te hará ver que los años son suspiros y los días segundos, y empezarás a notar que improvisas más y no te da miedo nada. Por eso creo que no usa reloj, aunque no se lo he preguntado nunca, pero me parece que su medida es el momento, y no hay unidad para controlar suspiros.
Son algunos de los mejores consejos que puedo ofrecerte, que no hagas nada de lo anterior, no,entre otras cosas, porque prefiero seguir haciéndolo yo; y ahora llámame cínico, o invítame a mandarme a la mierda o a decirme demonio, porque sí eso son las puertas de mi infierno, me quedo con ella, y yo me quemo aquí…

Francisco Bonilla Lozano. –

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