PERDONA LA OSADÍA…

Que me tomo la libertad de creerme que todavía sigo presente en tu vida porque sé cual es la diferencia entre dar la mano y salvar a un corazón, porque cuantas más veces te caes, más levantas la cara y sonríes, con esa sonrisa chula que pocas elegidas saben poner. Porque si quieres un ramo de flores las coges tú misma y si te pinchas te ríes. Me doy cuenta sin querer que siempre tengo un momento del día en el que pienso en tí, porque sabías como matar a cada una de mis fobias, y me sembrabas jardines debajo de la cama para que mis monstruos estuviesen ocupados regando flores y no asustándome. Antes de marcharte, me ponías paños calientes en el alma, y me contabas que la noche fue creada para hacer y decir las cosas que están prohibidas durante el día. Benditas sean las circunstancias causales que un día me llevaron a ti, bendito el tropiezo cuando decidiste parar, y todas y cada una de las comisiones que me ha cobrado la vida solo por hipotecar el alma contigo, y todo por verte sonreír. Que un día decidí, no llamarte ”mi vida”, porque tú vales mucho más que ese caos que me rodea. Que siempre andabas buscándote la vida, y en cambio yo te encontré, por el camino viviendo la mía. Porque me sentía un romántico al verte, o solo un realista idiotizado; no te decía que ”estas buena”, sino que ”eres bonita”, porque tengo la certeza de que eres una mujer de verdad y no un jodido caramelo de fresa. Nunca he llevado una foto tuya en la cartera, de esas tipo carnet en las que forzamos la cara, para intentar agradar a no sabemos quien; pensaba y pienso que cada vez que recuerdo cada día que pasé a tu lado, cada fotograma de un beso y cada momento más dulce o salado, lo prefiero guardar en la memoria, porque las fotos se estropean pero los recuerdos no. Que ya conocerás a algún novato que te llame princesa simplemente por el hecho de que le pongas caliente y te robará besos, pero recuerda que yo soy un experto y te robaba las sonrisas que salen desde la barriga, esas que no provoca cualquiera y que te hacían saltar las lágrimas tumbada en la cama. Por eso y por mil razones más, y aunque tu vida no esté ya a mi nombre, le pongo los cuernos a esa falsa amistad amistad diluida en recuerdos que se quiere cuando la pasión pasa, simplemente porque me sigo acordando de la forma en que sonríes, así que, perdona la osadía…

Francisco Bonilla Lozano.

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